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La Talasemia es un trastorno
hemolítico (destrucción de glóbulos rojos) hereditario que se
presenta predominantemente en los individuos de origen mediterráneo
y que se caracteriza por la existencia de anomalías de la
estructura del glóbulo rojo y de la síntesis o formación de
hemoglobina que motiva una eritropoyesis (formación de componentes
de la sangre) defectuosa. La gravedad de este trastorno oscila entre
el raso asintomático y la forma grave que requiere transfusiones
frecuentes. La forma grave de esta enfermedad presenta una
combinación de los síntomas típicos de una anemia refractaria con
síntomas hematológicos, radiológicos y clínicos muy característicos.
La talasemia engloba un grupo heterogéneo de síndromes hereditarios
que se caracterizan por un déficit en la síntesis de hemoglobina
adulta normal. Se ha calculado que en Italia existen alrededor de
dos millones de individuos portadores por lo menos de un gen
determinante de la talasemia "1. La talasemia mayor es la forma
homocigota y la talasemia menor representa la correspondiente forma
heterocigota. Se han observado en ambas formas de la enfermedad un
amplio espectro de fenotipos hematológicos. Estos ocurren por
mutaciones que afectan a las cadenas - y P contenidas en la globina
de la hemoglobina adulta y se ha dado una designación muy amplia a
estas variantes designándolas como talasemiaS a y P. Se ha formulado
que la mutación se origina cuando uno de los genes determinantes de
la síntesis de hemoglobina se vuelve inactivo en forma parcial o
total.
Recientemente se ha publicado un extenso volumen sobre los problemas
de la anemia de Cooley 117» 119 y JOS síndromes de la talasemia ...
conteniendo una exposición muy amplia de las múltiples facetas de
esta enfermedad.
Necheles y colaboradores "' ofrecen la clasificación siguiente de
las talasemias, aceptando que no sólo consisten en las habitualmente
conocidas talasemia β α δ γ o anemia de Cooley, sino también en
cierto número de variantes estrechamente relacionadas. Estas
variantes, que suelen definirse como un grupo de síndromes, se
caracteriza por la disminución determinada genéticamente de la
síntesis de una u otra de las cadenas de polipéptidos que forman la
hemoglobina normal.
I. Talasemia α:
A) Gen H mudo.
B) Gen de la talasemia α
1. Grave.
2. Leve.
II. Talasemia β:
A) Variedad A2,
alta clásica:
1. Grave.
2. Leve.
B) Variedad F alta (talasemia βδ).
C) Variedad F alta-A2, alta.
III. Talasemia δ.
IV. Síndromes afines a la talasemia:
A) Persistencia hereditaria de la hemoglobina fetal.
B) Hemoglobina afín a la Lepore,
Síntomas clínicos. Los síntomas
clínicos de la talasemia mayor y de la menor se expondrán por
separado.
TALASEMIA MAYOR. Se inicia insidiosamente en la infancia y en la
mayoría de los enfermos se halla lo suficientemente desarrollada en
la segunda mitad del primer año de vida, de modo que puede ser
reconocida clínicamente. La palidez, diarrea, fiebre, desnutrición y
esplenomegalia en los niños de origen mediterráneo inducen a la
sospecha diagnóstica. El paciente gravemente anémico presenta una
fascies patognomónica consistente en la presencia de prominencias
frontales y parietales salientes, aumento del tamaño craneal,
prominencia de las eminencias malares, depresión del puente de la
nariz, párpados hinchados, un sesgo mongoloide de los ojos,
frecuentemente con un repliegue del epicanto, aumento del maxilar
superior que hace que se expongan los dientes superiores, cutis
turbio amarillento y tinte íctérico de las conjuntivas. Otros rasgos
característicos son una estatura pequeña e hipogonadismo. La
hipertrofia del maxilar superior conduce en ocasiones a una oclusión
deficiente que afecta de modo especial a los incisivos frontales
centrales ". Muchos de los enfermos presentan epistaxis frecuentes,
algunas de ellas de la suficiente gravedad como para requerir un
taponamiento a fin de controlar la hemorragia, en tanto otras
necesitan transfusiones para reemplazar la hemorragia aguda.
Algunas veces se presentan adenopatías. El abdomen sobresale cuando
la esplenomegalía (el bazo grande) se hace muy prominente, sobre
todo en los niños más jóvenes. La esplenomegalia es progresiva y el
aumento de tamaño abdominal se hace intolerable. El hígado en un
principio se halla aumentado en menor grado, pero va incrementando
de tamaño paulatinamente y en forma especial después de la
esplenectomía. Las úlceras crónicas de las piernas se presentan rara
vez. Los cálculos biliares son poco frecuentes antes de los 10 años
de edad, pero al igual que en otras anemias hemolíticas, es probable
que se desarrollen al ser mayor la edad del paciente. Las epistaxis
(sangrado nasal) son más frecuentes. La fractura patológica del
fémur es una complicación que se observa pocas veces y se debe a una
atrofia cortical. Se desarrolla una atrofia de la cortical y de la
esponjosa debido a un crecimiento excesivo de la medula hiperplásica.
Los signos clínicos de hemosiderosis (depositos de hierro) se
sobreponen a las manifestaciones de la anemia crónica, cuando se
lleva a cabo una terapéutica transfusional intensa y prolongada. El
enfermo con anemia de Cooley que ha recíbido transfusiones
frecuentes muestra una intensa pigmentación pardusca y un
oscurecimiento de la piel debido a la presencia de cantidades
aumentadas de melanina en la epidermis y de hemosiderina en la
dermis. La piel adquiere tina coloración bronceada, curtida, con un
punteado oscuro y fino.
La dilatación y aumento de tamaño cardiaco y los soplos hemáticos
son hallazgos frecuentes. El aumento cardiaco asintomático se inicia
en los períodos posteriores de la infancia y crece lentamente. Se ha
descrito en los enfermos con anemia de Cooley grave una pericarditis
aguda (inflamación de la capa externa del corazón), benigna,
inespecífica, de modo especial en aquellos que han sido
esplenectomizados. La pericarditis en todos estos pacientes se
autolimita y termina en una recuperación completa. No se conoce la
base de esta susceptibilidad peculiar. Los niños con anemia de
Cooley cuyos valores de hemoglobina son muy bajos sobrellevan
esfuerzos prolongados sin que se origine ninguna molestia. Las
cefaleas, dolores óseos y precordíales (en el pecho), indiferencia y
anorexia aparecen cuando los valores de hemoglobina descienden por
debajo de 7 g por 100 cm' y se reparan mediante transfusiones. En
una importante proporción de pacientes con talasemia mayor se ha
encontrado tumefacción renal atribuible a dilatación de los túbulos.
TALASEMIA MENOR. El paciente con el rasgo de la talasemia es
asintomático y la enfermedad pasa desapercibida. Generalmente se
detecta en el curso de una inspección familiar, cuando se sospecha
que uno de los familiares presenta la enfermedad grave. Los
individuos con el rasgo o la forma benigna no muestran soplo
cardiaco, aumento del tamaño del corazón o dolores óseos y
articulares que se presentan en la forma grave. Los enfermos con
anemia leve o moderada se tratan con frecuencia como afectos de
anemia ferropénica hasta que el fracaso terapéutico induce a un
examen más detallado descubriéndose el diagnóstico verdadero. Los
individuos con la forma benigna no muestran anomalías faciales y las
alteraciones esqueléticas son mínimas. El bazo en la talasemia menor
está ligeramente aumentado de tamaño, aunque ello no es muy
frecuente.
Crecimiento y maduración.
El crecimiento es normal en los
afectos con la forma menor de esta enfermedad. El crecimiento y la
maduración del esqueleto se hallan retardados en algunos pacientes y
Caffey considera a los enfermos con anemia de Cooley como los
ejemplos más típicos de enanismo e infantilismo esquelético causados
por anemia crónica. Los niños con la enfermedad grave crecen
normalmente hasta alrededor de los 8 a los 10 años de edad y en este
momento su crecimiento sufre un intenso retardo, de tal manera que
finalmente alcanzan una corta estatura. Los caracteres sexuales
secundarios se desarrollan más tardíamente que en los individuos
normales. Las menstruaciones normales son raras y cesan algunos
meses o algunos años después de su inicio.
En la mayoría de varones afectos de gravedad, la edad ósea es normal
en los primeros años y se halla retardada después de los 6 ó 7 años
de edad`. La maduración ósea se presenta en períodos posteriores, si
la supervivencía es lo suficientemente prolongada. En cuanto a la
edad estatural cabe decir que es normal o casi normal en los
primeros años de vida y se halla retardada en la preadolescencia y
adolescencia, y rara vez se alcanza la edad estatural media normal
antes de que sobrevenga la muerte. Los varones con el tipo
intermedio de la talasemia no presentan retardo del crecimiento
durante la adolescencia y alcanzan, en general, una estatura normal.
La estatura longitudinal en los pacientes del sexo femenino tiende a
descender por debajo de la normalidad en los períodos prepuberal y
puberal tanto en las enfermas con la forma intermedia como en las
que padecen la forma grave. Ambos grupos son capaces, sin embargo,
de alcanzar finalmente las estaturas normales. La edad ósea
retardada se halla retardada en ambos y está en proporción
aproximada con la edad estatural. La maduración ósea final puede ser
alcanzada por ambos grupos enfermos.
Diagnóstico.
La talasemia mayor rara vez pasa
inadvertida, pues posee una gran cantidad de síntomas distintivos.
La asociación de facies característica, alteraciones esqueléticas,
esplenomegalia masiva, anemia grave, hematíes deformes e
intensamente hipocromos, crecimiento retardado y un parentesco de
origen mediterráneo separa esta enfermedad de otras anemias
hemolíticas. La fragilidad osinótica se halla disminuida, estando
ausentes la falciformidad y la esferocitosis. El diagnóstico se
confirma mediante el examen sanguíneo realizado en los padres del
enfermo, el cual muestra una fragilidad osmética disminuida,
punteado basófilo, microcitos y macrocitos hipocromos, ovalocitos y
HbA elevada. El niño que únicamente muestre una anemia leve con
muchos de los signos clínicos de la enfermedad grave representa en
general una combinación de la enfermedad falciforme y la talasemia.
La intensa eritroblastosis que se observa en la sangre de los
pacientes con anemia de Cooley grave induce a la confusión con la
enfermedad de di Guglielmo, que es una entidad de aparición muy rara
en la infancia. Se ha descrito la existencia de un trastorno
proliferativo eritrocitario en un niño afecto de talasemia. La
ictericia clínica (piel amarilla) es poco frecuente en la forma
menor de esta enfermedad y se ha atribuido a la hemólisis de los
hematíes originada en el interior de la medula ósea.
La talasemia menor se asemeja a la ferropenia en un grado tal que
muchas veces son indistinguibles. Las extensiones hemáticas son
idénticas y muestran un gran número de microcitos hipocromos,
punteado moderado y hematíes en forma oval y en diana. El
diagnóstico se realiza por exclusión, puesto que no existen rasgos
patognomónicos como los que se observan en los enfermos con la forma
mayor. El diagnóstico de talasemia menor se sugiere con frecuencia
cuando un paciente al que se cree poseedor de una anemia ferropénica
no responde a un tratamiento con hierro. El descubrimiento al menos
en uno de los padres de un cuadro hemático similar al del enfermo,
con un porcentaje anormal de hemoglobina A, y una sideremia normal
en contraste con una sideremia baja en los pacientes con anemia
ferropénica, establece el diagnóstico de talasemia menor. En los
enfermos adultos, esta enfermedad puede coexistir con anemia
perniciosa "' o estados megaloblásticos `.
En recién nacidos con talasemia mayor se reconocen dianocitos e
hipocromía. A la edad de 2 ó 3 meses se presentan normoblastos en la
sangre periférica. La tasa de descenso de la concentración de HbF es
mucho más lenta que en los lactantes sanos`. El aumento de la
fijación de Fe" constituye un carácter específico de los
reticulocitos de la talasemia homocigótica y se encuentra ya en las
primeras semanas de la vida 425.
La ferropenia es habitual en las hembras con talasemia fl menor y
como mejor se diagnostica es por la falta de hierro en la medula".
La identificación del déficit de hierro es importante, porque inhibe
la elevación de la hemoglobina A, necesaria para el diagnóstico y
porque los pacientes mejoran con la ferroterapia ".
La realización de la "Electroforesis
de Hemoglobina" es indispensable para establecer o confirmar el
diagnóstico definitivo de las Talasemias.
Tratamiento.
No existe un tratamiento específico
para los enfermos con anemia de Cooley grave. El hierro, cobre,
hígado, extractos del bazo, páncreas, glándulas suprarrenales y
otros productos endocrinos, esteroides, elevadas dosis de complejo
vitamínico B, extractos celulares, plasma y radioterapia han sido
totalmente ineficaces. Se han descrito ligeras mejorías muy
discutibles con el empleo del cobalto 1', por lo que no se emplea de
forma habitual. La anemia de Coley representa una anemia microcítica
hipocrorna en la cual la terapéutica férrica carece de valor, como
era de esperar dados los abundantes depósitos de hierro que se
hallan presentes.
TRANSFUSIONES. Las transfusiones son el eje del tratamiento en los
enfermos con talasemia y cuando se requieren en cantidades excesivas
es necesario practicar la esplenectomía. La hemoglobina y los
recuentos eritrocitarios en los niños con anemia de Cooley grave
continúan descendiendo progresivamente, de tal manera que son
necesarias transfusiones de mantenimiento a fin de sostener a los
pacientes para que puedan hacer frente a las dificultades que
implica el desarrollo de una actividad normal. Para conseguir este
fin, es necesario generalmente la administración de sangre a
intervalos de, 2 ó 3 semanas. Las transfusiones necesarias para
mantener unos valores adecuados de hemoglobina llevan consigo, no
obstante, el inconveniente de incrementar los depósitos de hierro
procedente de la degradación de la hemoglobina. El valor de
hemoglobina a partir del cual están indicadas las transfusiones no
puede fijarse de modo arbitrario, sino que varía con los signos y
síntomas que presentan cada uno de los enfermos en concreto. Como
guía para el tratamiento de los pacientes con anemia de Cooley grave
es posible afirmar que no son necesarias las transfusiones hasta que
los valores de hemoglobina desciendan entre 6,5 y 7,5 g/100 cm3 a
partir de los cuales los síntomas clínicos se presentan con
frecuencia.
El mantenimiento de valores de hernoglobina por debajo de 6 g1100
cm3 es, según nuestra experiencia, potencialmente peligroso desde el
punto de vista de la posibilidad de desarrollarse una insuficiencia
cardíaca. El valor hemoglobínico en los enfermos con dificultades
cardiacas debería mantenerse entre 8 y 9 g/100 cm3 a fin de prevenir
la hipoxia. Otro inconveniente de la administración de cantidades
excesivas de sangre, además de la hemos¡derosis transfusional, es la
posibilidad de que las transfusiones múltiples depriman la síntesis
endógena de hemoglobina y hematíes.
ESPLENECTOMíA. La esplenectomía está
indicada en los individuos afectos de gravedad si las necesidades
transfusionales son progresivamente crecientes, y cuando el bazo
deviene muy grande y molesto causando malestar y originando síntomas
debidos a la presión que ejerce sobre las zonas circundantes. Se
realizan, en general, una gran cantidad de esfuerzos para poder
disminuir el número y el volumen de las transfusiones y aplazar de
este modo la esplenectomía; no obstante, en muchas ocasiones las
necesidades de sangre son tan apremiantes que obligan a realizar la
esplenectomía `.
En el caso de que se presente esta necesidad, se hallan signos
demostrativos del desarrollo de un factor hemolítico que acorta la
vida media de los hematíes normales transfundidos. Si tenemos alguna
duda sobre su existencia, se marcarán los hematíes del donante con
cromo radiactivo y se determinará el grado de destrucción de los
mismos. La enfermedad fundamental no se altera significativamente
con la esplenectomía `, si bien se reduce el número de transfusiones
necesarias y con ello se confirma la existencia de un componente
hemolítico extracorpuscular. El retardo del crecimiento y la
incidencia de insuficiencia cardiaca congestiva no se alteran por la
eliminación del bazo. La esplenectomía, según los casos descritos
hasta ahora, parece que es más eficaz en los niños de mayor edad,
pero este hecho puede reflejar una enfermedad genéticamente más
benigna que permite el aplazamiento de la esplenectomía hasta la
pubertad. Otra explicación consiste en que el crecimiento es menor y
las necesidades metabólicas se hallan disminuidas en la
adolescencia, permitiendo que se establezca un equilibrio
critropoyético a niveles compatibles con el bienestar del enfermo
sin que sean necesarias transfusiones suplementarias. Es preciso,
con frecuencia, eliminar el bazo de pacientes más jóvenes debido a
un gran requerimiento transfusional, a pesar de la preferencia
existente a retrasar la esplenectomía hasta que se haya alcanzado la
adolescencia.
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