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Recopilado y enmarcado en el Manual de Normas del Servicio de Emergencia Pediatrica del Hospital Central de San Felipe. Estado Yaracuy. Venezuela por el Dr. Erwin Leal  Médico Especialista en Pediatría y Puericultura

 

Existe escasa información acerca de las lesiones causadas por mordeduras de animales; esto se debe a que la gran mayoría de los accidentes (80%) son muy leves y, por ende, las víctimas no buscan atención médica, lo cual parcializa y debilita el valor de los datos en los cuales se apoyan la historia natural del accidente y las recomendaciones terapéuticas actuales. En los Estados Unidos de Norte América se informa que aproximadamente el 1% de las consultas a centros de urgencias son por mordeduras de animales, Se estima que más de 2 millones de personas por los Estados Unidos son mordidos por animales anualmente,  más de 90% de estas lesiones, son producidas por perros y gatos. Aunque las mordeduras animales salvajes son raras, ellos son potencialmente más serios, dado su riesgo de rabias y otras infecciones. La mitad de todas las mordeduras animales es trivial y no requiere ningún tratamiento médico; sólo 10% son severos, y sólo 2% ameritan hospitalización.

Con respecto a las razas de los perros, no es sorprendente que se informe un predominio de los ataques producidos por pastores alemanes (59%), pues es una de las razas preferidas por la gente.

Las víctimas de mordeduras de gatos son predominantemente mujeres; cuya edad tiende a ser ligeramente mayor a los 20 años.

Las mordeduras suelen ocurrir dentro de un patrón bien conocido, probablemente reflejando la conducta de las víctimas durante el ataque (acariciar y/o alimentar mascotas); se informa un marcado dominio de accidentes que comprometen las extremidades (54-85%) con ligera preferencia por las superiores; la cabeza y el cuello se afectan en 15-27% de los accidentes y el tronco sólo en 0-10%. En cuanto menor es la talla de la víctima (niños), la frecuencia con que el accidente es recibido en la cabeza y el cuello es mucho mayor.

Este tipo de accidentes adquiere importancia por las complicaciones y secuelas que pueden llegar a causar. La mortalidad es relativamente baja, informándose 10-20 decesos anuales relacionados con mordeduras de perro en los Estados Unidos. La complicación más frecuente es la infección local de la herida, que puede complicarse con sepsis, artritis séptica, osteomielitis, tenosinovitis, meningitis, meningitis o endoftalmitis. Otras complicaciones no infecciosas, pero no menos importantes, son las fracturas y el desfiguramiento por heridas severas en el rostro. No debe olvidarse la alta posibilidad de la infección por el virus de la rabia, cuya tasa de fatalidad del 100% hace de ella una temida complicación, como tampoco la posibilidad de infección por Clostridium tetani, o la trasmisión de brucelosis y blastomicosis.

 

FISIOPATOLOGÍA

El tipo de herida está directamente relacionado con la especie del animal y su talla; se conoce que los perros de razas con gran desarrollo corporal pueden llegar a ejercer una gran fuerza  en sus mandíbulas, causando heridas muy severas cuya principal característica es la maceración de los tejidos, fracturas y ocasionalmente perforaciones craneanas en niños pequeños. Este tipo de herida conlleva un riesgo de infección cercano al 40%. Además los perros poseen dientes más largos que rompen los tejidos y tienen una penetración más profunda, produciendo laceraciones en 31% a 45% de los casos, y heridas puntiformes en solo un 13 a 34% de los casos. Por el contrario, los gatos con dientes más finos, afilados y una menor fuerza en su mordida, producen heridas puntiformes hasta en el 86% de los casos y laceraciones sólo en 5 al 17%. La herida puntiforme, a pesar de no ser desfigurante ni macerante, implica un alto riesgo de infección, pues no es fácil su irrigación y tiende a ser desatendida por la víctima y por el médico poco experimentado.

 

COMPLICACIONES INFECCIOSAS

Existe una diferencia fundamental entre las mordeduras de perro y gato, pues las de este último tienden a infectarse en más del 50% de los casos, comparativamente con las de perro, cuya frecuencia de infección es tan solo del 15 a 20%.

Los organismos que causan infección en una herida por mordedura animal provienen de la flora bacteriana habitual de la boca de éste, la cual es inoculada a los tejidos profundos por sus dientes, contribuyendo muy poco los microorganismos presentes en la piel y superficies mucosas de la víctima. Por esto, se han hecho esfuerzos por conocer a fondo la bacteriología de la flora residente en las fauces de dichos animales. Las bacterias anaerobias se encuentran en 41% de las heridas, siendo los Bacteroides, Fusobacterium, Peptococcus, Peptoestreptococcus y Veillonella las especies más frecuentemente aisladas. El Bacteroides melaninogénicus es, tal vez, la bacteria anaerobia más frecuentemente aislada en perros. Los aerobios cocos Gram positivos se encuentran con una frecuencia hasta de 74% en las heridas frescas por mordedura de perro, siendo las especies de mayor importancia por su frecuencia de aislamiento las siguientes: Streptcoccos, predominantemente el hemolítico, Stafilococco aureus y epidermidis. Estas especies cobran importancia en infecciones que se presentan luego de las primeras 24 horas del accidente. Las bacterias gram negativas no están ausentes en la patogénesis de la infección de heridas causadas por animales. Se ha reportado aislamiento de Enterobacteriaceae en 29.3% de los casos, Pseudomona en 21.7%, pero probablemente la de mayor importancia sea la Pasteurella multocida.

La Pasteurella multocida es un pequeño cocobacilo gram negativo aislado de la flora oral normal de varios animales. Su mayor importancia está relacionada con las heridas por mordedura de gato, pues es el germen causal en cerca del 80% de los casos en que éstas se infectan. Sin embargo, en los accidentes que involucran perros, si la infección de la herida se desarrolla antes de las primeras 24 horas, el enfoque terapéutico necesariamente debe ir dirigido a erradicar este germen que produce una infección caracterizada por reacción inflamatoria severa y rápida, con escaso drenaje purulento, poco desarrollo de fiebre, linfangitis o adenopatías. Dentro de los posibles cuadros clínicos que desencadena se encuentran además, de las infecciones locales, tenosinovitis, artritis séptica, peritonitis espontánea y meningitis.

En las mordeduras ocasionados por gatos existe un cuadro clínico que se presenta en menores de 21 años, caracterizado por la aparición de una pápula de inoculación primaria 3 a 10 días luego de la lesión y adenopatías dentro de los siguientes 5 a 50 días (promedio 12 días). Actualmente se ha logrado definir que el germen causante es una bacteria gram negativa, móvil, llamada Afipia felis; la enfermedad es autolimitada.

Cuando la víctima es un niño, se informan, hasta 66% de infecciones mixtas. Existen datos de las infecciones causadas por mordeduras de otros animales como caballos, ratas, serpientes y chimpancés, en donde el germen de mayor importancia es el Clostridium perfringes, pues su aislamiento ocurre en más del 50% de los casos.

Es interesante anotar que el veneno de las serpientes es estéril, y que tiene potente actividad inhibitoria de las bacterias aerobias. Las serpientes están colonizadas en su cavidad oral por la flora fecal de sus presas. El número de heridas infectadas es bajo, pensándose que la infección generalmente se debe a manipulaciones inadecuadas del la herida.

 

ENFOQUE TERAPEUTICO

El primer paso es obtener una adecuada historia que permita conocer las circunstancias en las que ocurrió el accidente, con el fin de determinar si éste fue o no provocado, lo cual es fundamental para predecir la probabilidad de infección rábica del animal atacante.

Es primordial conocer la condición basal de la víctima, haciendo énfasis en la posibilidad de trastornos inmunes, como los que representan entidades del tipo de la diabetes mellitus, lupus eritematoso sistémico, esplenectomía, quimioterapia de neoplasias, uso de esteroides, etc.

Se evalúa rápidamente el grado de severidad del ataque sufrido por la víctima, pues no puede dilatarse la atención, especialmente en casos de heridas con sangrado activo o que comprometan cavidades u órganos vitales, que expongan la vida del paciente.

Debe anotarse con la mayor exactitud, el número, tipo y localización de las heridas, dejando esquemas de ellas en la historia clínica destacando si existen signos de infección, en caso de celulitis, se recomienda delinear los bordes de la inflamación activa sobre la piel, pues esto permite la evaluación periódica, aún si diferentes examinadores van a estar a cargo del paciente.

Debe practicarse el lavado de la herida lo antes posible luego del ataque, debe ser profuso, usando volúmenes de agua abundantes y adecuados para el tamaño de las heridas y el grado aparente de contaminación; algunos recomiendan la irrigación con agua a presión, por medio de jeringas y otros aparatos diseñados para tal fin. Para realizar el lavado se usa solución salina normal, desaconsejándose el uso de soluciones yodadas y antibióticas, pues no contribuyen a disminuir la carga bacteriana, y por el contrario pueden coadyuvar en la producción de un mayor grado de irritación de los tejidos.

Cuando una extremidad está comprometida, especialmente las manos, se inmoviliza y se eleva para permitir un adecuado drenaje del edema y la inflamación. Las lesiones puntiformes merecen especial mención, pues deben ser irrigadas por medio de jeringas y catéteres delgados que se introducen en la dirección del trayecto de la herida. No se recomienda incidirlas inicialmente, para exponer todo el trayecto de la misma.

El tejido necrótico o desvitalizado se desbrida, poniendo especial atención a la presencia de cuerpos extraños como dientes fracturados del animal atacante.

Se recomienda tener en cuenta el tiempo de evolución de la herida para decidir sobre los procedimientos de sutura, toma de cultivos y elección de antibióticos. Las heridas con claros signos de infección en su valoración inicial y aquellas que son evaluadas después de las primeras 24 horas de producido el ataque, deben ser dejadas abiertas.

Las heridas desfigurantes en rostro y otros sitios de la cabeza, son lavadas y reparadas inmediatamente, para evitar cicatrices antiestéticas.

 

 

 

 

 

 

ANTIMICROBIANOS

 

Se infectan sólo 15 a 20 por ciento de heridas de mordedura de perro, la Pasteurella  multocida y el S aureus son los bacterias más frecuentes y ocurren en un 20 a 30% de las mordeduras. Cuando se trata de mordeduras por gatos y perros, que se encuentran infectadas en las primeras 24 horas luego del ataque, el germen a cubrir en forma empírica, es la Pasteurella multócida. Dicha bacteria es sensible a la penicilina, ampicilina o amoxacilina. No debe pasarse por alto la presencia de gérmenes anaerobios, que pueden ser resistentes a dichos antimicrobianos, especialmente los Bacteroides. La mayor parte de heridas pueden manejarse ambulatoriamente durante 10 a 14 días.

Se indica la hospitalización cuando existen signos de infección sistémica, hay celulitis extensa, la infección compromete la articulación proximal, no responde al tratamiento oral o hay compromiso tendinoso, óseo o neurológico.

Cuadro de texto: El tratamiento con antibióticos profiláctico durante tres a siete días es apropiado para las heridas de mordedura de perro, a menos que el riesgo de infección sea bajo o la herida muy superficial.  
 
Teniendo en cuenta el tipo de microorganismo y la sensibilidad antibiótica, se recomienda la elección de penicilinas semisintéticas asociadas a inhibidores de beta-lactamasa (ampicilina-sulbactam o amoxacilina-ácido clavulánico) como antibióticos de elección para monoterapia oral o parenteral. Con este tipo de antibiótico se logra un adecuado cubrimiento de la mayor parte de posibles patógenos infectantes, como alternativa se recomienda el empleo de pinicilina V potásica por vía oral, como primera elección.

En pacientes alérgicos a las penicilinas (reacciones no anafilácticas), pueden emplearse cefalosporinas de primera generación del tipo de la cefaloxina. Si se consideran los gérmenes anaerobios la recomendación es cefoxitina, cefalosporina de segunda generación con actividad contra P. multócida, S. aureus y anaerobios.

En el paciente en que existe contra indicación para el uso de antibióticos Beta-lactámicos, por reacciones alérgicas, se usa eritromicina, recordando su poca efectividad contra la P. multocida. En dichos casos la alternativa es la tetraciclina, exceptuando los casos de mujeres embarazadas o de niños.

En los pacientes que presentan heridas por mordedura de perro cuya infección aparece luego de las primeras 24 horas de inflingido el ataque, se recomienda como primera posibilidad considerar una infección por Stafilococco o Streptococco. Las penicilinas comunes tienen una alta probabilidad de no ser eficaces contra la primera de esta especie por la presencia de beta-lactamasas. Consecuentemente, la elección debe incluir un antibiótico resistente a ellas, como dicloxacilina o cefalosporina de primera generación (vía oral) u oxacilina o cefazolina (vía endo-venosa).

La profilaxis antibiótica ( para heridas no infectadas ) es muy discutida. Aunque el cultivo sistemático temprano (antes de 8 horas) de todas las heridas por mordedura animal, logra demostrar la presencia de bacterias potencialmente patógenas en 85% de los casos, pero  no se ha logrado identificar cuáles desarrollarán infección y cuales no. Existen algunos criterios de alto riesgo ( Herida puntiforme profunda,  de manos o extremidades inferiores, que requieren desbridamiento, que comprometen articulaciones e inmunosuprimidos.) cuando se trata de heridas observadas antes de las primeras 8 horas. En dichos casos, se cree que la profilaxis puede reducir la frecuencia de infección en un 10%. Para cumplir con el objetivo se aconseja iniciar el antibiótico cuanto antes por vía oral o parenteral y por 3-5 días.

Las heridas valoradas luego de las primeras 24 horas y que no presentan signos de infección, deben ser seguidas clínicamente, y no se aconseja el uso de profilaxis.

 

 

Conducta Terapéutica del Servicio de Epidemiología

Hospital Central “Dr. Rodriguez Rivero”

Conducta en el caso de perros y gatos no observables /animales desaparecidos, callejeros, muertos sin exámen) o cuando se confirme que son rabiosos o cuando se trate de una lesión inferida por un animal salvaje.

 

Tipo de Exposición

Suero

Vacuna

Grave

7 + 1

Leve

No

7

NOTA: Animal salvaje siempre es grave

Conducta ante las lesiones por perros y gatos que pueden ser observados.

Animal

Exposición

Suero

Vacuna C.R.L

 

Sano

 

Grave

Vacunar, suspender al 5to. día, si el animal está sano

Leve

No

No

 

Con síntomas sospechosos de rabia

Grave

7 + 1

Leve

No

Vacunar, suspender al 5to. día, si el animal está sano

 

Nota: Una dosis de refuerzo se aplicará a los 10 días de la 7ma. Dosis.

Vacuna contra la Rabia de acuerdo con el tipo de exposición

Mordedura por animal doméstico ( Perro o Gato )

Mordedura por Animal Silvestre ( Tejón, Zorrillo, Mapache, Coyote )

Leve

Grave

Siempre es Grave

Lameduras en piel erosionada y mordeduras superficiales en tronco y extremidades inferiores

Lameduras en mucosas, en la cabeza, cuello, extremidades superiores, genitales y profundas en cualquier parte del cuerpo

 

Inicio de vacunación y vigilancia del animal agresor    ( por médico veterinario)

* Aplicación de suero antirrábico heterólogo.

*Inicio de Vacunación

* Vigilancia del animal agresor

* Aplicación de suero heterólogo.

* inicio de vacunación

* Vigilancia del animal agresor

Animal  sano a los días de observación, se suspende la vacunación

Animal sano a los cinco de observación. Se suspende vacunación

Animal sano a los cinco de observación ) válido solo para perros y gatos) se suspende vacunación

 

Bibliografía

 

 

  1. Juan Manuel Gómez, Mordeduras por animales. Manual de Urgencias en Medicina Interna. Asociación Colombiana de Medicina Interna. Ediciones Acta Médica Colombiana. 2002
  2. R. John Presutti. Prevention and Treatment of Dog Bites. American Family Physician 2001; 1567
  3. Anderson CR, Animal bites. Postgrad Med 1992; 92:134
  4. Neil E. Herendeen, Peter G. Szilagy. Animal Bites. Primary Pediatric Care. 4º Ed. 2001

 

 

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