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Recopilado y enmarcado en el Manual de Normas del Servicio de Emergencia Pediatrica del Hospital Central de San Felipe. Estado Yaracuy. Venezuela por el Dr. Erwin Leal  Médico Especialista en Pediatría y Puericultura

Aún persisten controversias sobre qué temperatura se califica como fiebre y cuál constituye fiebre alta en un niño. El hecho de que el límite normal de temperatura corporal de un niño fluctúa más que en un adulto, contribuye a esta polémica.

Para fines prácticos, se define generalmente a la fiebre como cualquier temperatura corporal en condiciones de reposo mayor a 37.5° C y se gradúa como sigue: 37.5 a 38.4° C es una fiebre baja; 38.5 a 39.4° C es moderada y 39.5 a 40.4° C es alta. Por arriba de 40.5° C se debe considerar la presencia de fiebre muy alta o hiperpirexia, la cual no es habitual en los procesos infecciosos más frecuentes, pero es común que se asocie a una condición clínica grave causada por infecciones sistémicas, por reacciones tóxicas a fármacos y toxinas, o por enfermedades autoinmunes y reacciones de hipersensibilidad.

La fiebre es el signo más común de enfermedad durante el primer año de vida y puede acompañarse de manifestaciones tales como letargo, irritabilidad, anorexia, deshidratación y convulsiones. Estos síntomas están especialmente asociados con fiebre alta de 39.5° C o superior, la cual es el indicador cardinal de enfermedad grave en la mayoría de las situaciones clínicas que involucran a los niños. Sin embargo, signos y síntomas similares han sido asociados con lecturas de temperatura de apenas 38° C en los menores de seis meses.

En las edades pediátricas, la severidad de la fiebre no siempre determina necesariamente su gravedad. Durante el primer año de vida, el cuerpo tiene un área de superficie mayor en proporción al peso corporal y una cantidad baja de grasa hipodérmica, lo cual hace a los niños particularmente susceptibles a los efectos de la fiebre. Incluso pequeñas elevaciones en la temperatura pueden ser clínicamente significativas, sobre todo en los neonatos y los lactantes.

La fiebre es la principal causa de visitas al médico, tanto en el consultorio como en las salas de urgencias. Se considera que 20 a 30% de las consultas en el ámbito de la medicina privada son debidas a fiebre. Las principales causas de fiebre son las enfermedades infecciosas, aunque hay otra serie de procesos inflamatorios no infecciosos que se acompañan de fiebre, como las neoplasias, traumatismos, quemaduras, reacciones alérgicas y enfermedades auto inmunes.

En un estudio de 105 niños (de cuatro días a ocho años de edad) con temperaturas de por lo menos 41° C, una enfermedad grave se presentó en 61.9% de los casos. Las causas más frecuentes fueron neumonía (36.2%), enfermedades virales con otitis (19%), bacteriemia (6.7%) y meningitis bacteriana (5.7%). Entre los menores de tres meses, el estudio identificó una relación directa entre la incidencia de infecciones bacterianas graves y la magnitud de fiebre. También en niños de 7 a 24 meses, la sepsis fue la causa principal de leucocitosis y temperaturas de 39° C o superior.

La infección de vías urinarias es la causa de fiebre más frecuente en los menores de dos meses de edad. En estos pacientes una cuenta de leucocitos mayor de 15 000/mm3, aunque no se correlaciona directamente con infección, representa uno de los principales criterios para sospechar infección. Una velocidad de sedimentación eritrocitaria mayor de 30 con una concentración de proteína C reactiva alta y con incremento de interleucina-6 (IL-6) en plasma pueden ser de gran utilidad en el diagnóstico temprano de este tipo de infecciones.

La evaluación correcta de la fiebre entonces debe empezar con una lectura de la temperatura corporal lo más exacta posible. La "regla de oro" para medir la temperatura en los niños es el termómetro de vidrio con mercurio o el digital electrónico. La toma rectal es la que refleja una lectura más exacta de la temperatura corporal central, a diferencia de la periférica. La temperatura corporal central, tomada en el recto o el conducto auditivo externo es aproximadamente 0.5° C más alta que la temperatura periférica tomada en la superficie de la piel o en la axila.

            El termómetro timpánico es un instrumento confiable, no invasivo, rápido y fácil de usar. La técnica inapropiada en su uso ha contribuido a la creencia de que estos dispositivos pueden dar resultados inválidos en pacientes pequeños. Desafortunadamente, la necesidad de adiestramiento especializado del usuario, así como su costo elevado, hacen que los termómetros timpánicos no puedan recomendarse ampliamente para el público general en nuestro medio y su utilidad práctica queda restringida a familias de estratos económicos medio y alto. De tal manera, la toma rectal en lactantes y neonatos sigue siendo la recomendable, mientras que en preescolares, escolares y adolescentes se recomienda la lectura bucal sublingual como primera opción. La lectura axilar con termómetro sigue siendo útil en escolares y adolescentes, sin olvidar que representa una lectura de temperatura periférica menos cercana a la temperatura corporal real.

 

Fisiopatología de la Fiebre

 

            Sustancias exógenas (pirógenos exógenos) procedentes del agente agresor, generan un estímulo que tiene su asiento en células como los macrófagos y células endoteliales, las cuales después de un período de latencia responden produciendo citoquinas (pirógeno endógeno), entre las que se encuentran IL-1, IL-2, FNT y el interferón que estimulan la producción de la prostaglandina PG-2 y a través de la sangre llegan al centro termorregulador, ubicado en el hipotálamo y elevan el punto de equilibrio de la temperatura corporal, de manera que dicho centro hará una lectura de 38ºC ó 39ºC. Todo esto desencadena a nivel periférico un mecanismo de conservación de calor a través de la piloerección, el escalofrío, los cambios de posición y la vasoconstricción periférica. Este proceso se puede revertir por medio de la inhibición de prostaglandinas (antipiréticos) de forma que la lectura del centro termorregulador caería y se desencadenará a nivel periférico un estímulo liberador de calor.

 

 

Efectos beneficiosos de la fiebre

  • La temperatura elevada previene la replicación viral dentro de las células infectadas causando rompimiento de lisosomas y autodestrucción de las células.
  • Disminuye los niveles séricos de iones metálicos, sobre todo hierro, zinc y cobre, que son necesarios para la replicación bacteriana.
  • Facilita la respuesta inmune, refuerza la fagocitosis y aumenta la producción de interferón viral.
  • Potencia la acción de los antibióticos.

 

Efectos nocivos de la fiebre

  • Deshidratación
  • Malestar
  • Delirio
  • Convulsiones, en pacientes con predisposición genética.
  • Mialgias.
  • Hiporexia.
  • Cefalea.

 

Tratamiento

 

Las medidas iniciales del tratamiento de la fiebre, en general, se orientan a hacer sentir al niño cómodo. Esto puede ser en el siguiente orden:

  • Exponer la piel al aire del ambiente, sobre todo cuando arroparle demasiado es una costumbre de los padres.
  • Los métodos físicos como son: bolsas de hielo, aire acondicionado, reposo en cama, ventiladores, abanicos, cremas frías, baños con esponjas, enemas de agua helada, etc., no son aconsejables, debido a que no son efectivos, aumentan el consumo de oxígeno y el riesgo de insuficiencia respiratoria en niños con infección respiratoria baja.
  • En caso de indicar los medios físicos, sólo se recomienda  fricciones con agua tibia, 30 minutos después de administrar el antipirético y, si el niño tiembla, aumentar la temperatura del agua.
  • Pueden indicarse los agentes antipiréticos, dependiendo de la edad del niño y la magnitud de la fiebre, por ejemplo, cualquier fiebre en los menores de tres meses debe controlarse rápidamente, mientras una fiebre de bajo grado en un niño en un niño mayor puede reducirse más gradualmente.
  • Por otro lado, la reducción de la fiebre necesita ser agresiva cuando la temperatura corporal excede los 39ºC, sin importar la edad del niño.

 

Manejo de la fiebre en el hogar

 

  • Medir la temperatura dos o tres veces al día
  • Ofrecerle líquidos con frecuencia
  • Mantener el niño con ropa ligera y si tiembla cubrirlo con una sábana delgada.
  • Evitar actividad excesiva, pero permitir sus juegos normales.
  • Si el niño tiene menos de 6 meses de edad, hay que notificar al médico si hay enfermedad subyacente, aspecto del enfermo, vómitos, cefalea, dolor de oído, mucho sueño, delirio, convulsiones, dificultad para respirar.
  • No administrar antipiréticos a menos que el niño esté demasiado molesto o el médico los indique.
  • El baño de esponja con agua tibia sólo debe aplicarse bajo la dirección del médico.

 

Antipiréticos más usados en pediatría

 

  • Acetominofén: 10 – 15 mg/kg/día cada 4 – 6 horas, su efecto comienza entre los 60 y 90 minutos, los efectos colaterales son muy ocasionales: rash alérgico, urticaria, toxicidad renal y hepática.

 

  • Ibuprofeno: 10 mg/kg/dosis, puede producir efectos colaterales como: cefalea, depresión, ambliopía tóxica, trombocitopenia, toxicidad e insuficiencia renal, daño hepático, dolor gástrico y náuseas.

 

  • Diclofenac: 0,5 a 2 mg/kg/día cada 8 horas, efectos colaterales: cefalea, trastornos gastrointestinales, mareos, elevación de las transaminasas.

 

  • Nimesulide: 5 mg/kg/día cada 12 horas, puede producir rash alérgico, vértigo, somnolencia y trastornos gastrointestinales. Contraindicado actualmente en niños menores de 12 años.

 

 

 Bibliografía

 

  1. Alberto Reverón Quintana. Simposium de Fiebre: Manejo de la fiebre en el hogar. Arch Venz Puer Pediat 2000;63 Supl 1: S 6-12
  2. Juan Félix García. Simposium de Fiebre: Introducción. Arch Venz Puer Pediat 2000;63 Supl 1: S 2-3
  3. Mancilla Ramírez, J. Fisiopatología y Manejo actuales de la fiebre en niños. Bol Méd Hosp Infant Méx 2002; Vol. 59(7):446-460
  4. Powel, Keith R. Fever. Nelson Textbook of Pediatrics. 16 th. Edition, Saunders 2000

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