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La enfermedad de
las células falciformes es un término muy amplio que engloba a todos
aquellos trastornos hereditarios cuyos rasgos clínicos,
hematológicos y patológicos están relacionados con la presencia de
la hemoglobina falciforme (HbS) en los hematíes (glóbulos rojos). La enfermedad de
las células falciformes se presenta principalmente en los negros. Se
han descrito relativamente pocos casos en individuos de raza blanca.
La mayoría de estos casos eran individuos de origen italiano, griego
y siciliano que sugieren la presencia de una mezcla de sangre negra
en los miembros de las razas mediterráneas.
El rasgo de las células falciformes (drepanocítico) se halla en
aquellos individuos que son heterocigotos para el carácter
falciforme y representa la combinación del gen causante de la
falciformidad y el gen determinante de la hemoglobina normal. El gen
determinante de la falciformidad, en los individuos con anemia de
células falciformes, se halla en el estado homocigoto y es resultado
de la herencia de genes determinantes de la falciformidad
procedentes de ambos padres. La presencia de un gen determinante de
otro tipo anormal de hemoglobina o del gen causante de la talasemia
debería sospecharse en un niño con anemia de células falciformes,
cuando la sangre de sólo uno de sus padres muestre el rasgo
falciforme.
Fenómeno de la falcíformidad.
La anomalía
falciforme se atribuye a un gen mutante que determina la síntesis de
un tipo de hemoglobina distinto de la hemoglobina normal. Los
hematíes falciformes son discos bicóncavos indistinguibles de los
hematíes normales que contienen hemoglobina no falciforme.
Es posible también identificar las hemoglobinas mediante el examen
de fragmentos digeridos de las moléculas de hemoglobina en el
cromatograma. Al estudiar los 287 aminoácidos que componen la cadena
polipeptídica de media molécula de hemoglobina se observa una
importante diferencia entre la hemoglobina normal y otros distintos
tipos de hemoglobina, entre ellos, la falciforme.
Ingram logró demostrar que la hemoglobina falciforme y la normal
difieren en una parte de sus cadenas polipeptídicas. En cada péptido
falciforme se hallan 9 aminoácidos valina, los cuales reemplazan al
ácido glutámico que se halla en la HbA (la hemoglobina normal). Este hecho debe ser
suficiente para alterar la distribución de las cargas de la
superficie de la molécula que conduce a una fácil cristalización de
la misma. Ingram observó también, usando el método de la
digestión de tripsina y quimiotripsina seguido del método de las
huellas dígitales de los péptidos mixtos, que el ácido glutámico de
la hemoglobina normal es reemplazado en la hemoglobina C por el
aminoácido lisina. Estos hallazgos que hacen referencia tanto a la
hemoglobina falciforme como a la hemoglobina C confirman las pruebas
genéticas de que estas dos mutaciones se presentan en lugares
similares del gen, ya que afectan al mismo aminoácido. Un gen
alterado, según esta hipótesis, es el causante de la alteración
correspondiente en la secuencia de aminoácidos de la proteína con la
cual se identifica.
Se ha descrito una prueba simple, rápida y exacta para la
hemoglobina S, demostrativa de su especificidad y selectividad (Sickledex,
Ortho Diagnostics, Rariton, N. J.). Esta prueba turbidimétrica se
basa en la solubilidad diferencial de la hemoglobina S reducida en
algunas sustancias amortiguadoras inorgánicas hiperosmolares, de pH
casi neutro. En estas condiciones, la hemoglobina S es insoluble, en
tanto que las hemoglobinas A, A, F, C y D son solubles. La opacidad
de la solución tras la mezcla de la muestra de sangre con el
reactivo se considera una respuesta positiva, y la solución clara es
negativa. Se comprobó la exactitud de este método, si se empleaba
sangre venosa con anticoagulante o sangre de punción digital. Los
resultados pueden leerse claramente en menos de 3 minutos.
Los rasgos
intrínsecos del mecanismo de la falciformídad se hacen muy evidentes
cuando se reduce la hemoglobina al exponerla a tensiones bajas de
oxígeno o a un pH bajo. El método más sencillo mediante el cual se
logra una desoxigenación se consigue introduciendo una gota de
sangre en un porta cubierto por un cubre con lo que se obtiene un
medio cerrado y observamos un incremento progresivo del número de
hematíes falciformes. La hemoglobina falciforme es mucho menos
soluble que la HbA y aún lo es menos en el estado reducido. La
exposición a un medio con una baja tensión de oxigeno hace todavía
mas viscosa la hemoglobina falciforme. Esta transformación se
acompaña de una cristalización intracelular así como la formación de
cuerpos tactoides.

La falciformidad de los hematíes en los enfermos homocigotos con
anemia de células falciformes (S-S) y en los pacientes con otras
formas de la enfermedad falciforme (drepanotalasemia y la
combinación de HbC y drepanocitemia) es rápida y adquiere
principalmente una forma filamentosa. En los individuos con rasgo
falciforme se presenta un predominio de las formas en hoja de acebo
sobre las formas filamentosas. Las espículas de los hematíes en
forma de hojas de acebo representan las puntas de los cuerpos
tactoides.
La alteración
falciforme es reversible de tal manera, que los hematíes falciformes
filamentosos que se desarrollan en un medio con tensión baja de
oxígeno vuelven a adquirir la forma discoide anterior al
restablecerse la tensión normal de oxígeno. La oxigenación motiva
que la hemoglobina S cristalizada se haga de nuevo soluble. Se han
descrito dos tipos de hematíes falciformes: un tipo comprende los
hematíes que adoptan la forma normal, cuando se exponen a tensiones
altas de oxígeno, y un segundo tipo que engloba un pequeño número de
hematíes que permanecen irreversibles "'. Los hematíes falciformes
que aparecen en las extensiones hemáticas de los enfermos con anemia
de células falciformes pertenecen a la variedad irreversible. La
extensión hemática de los individuos con rasgo falciforme está
exenta de hematíes falciformes.
La sustitución del radical ácido glutámico por el aminoácido valina
en la posición 6 de las cadenas de la hemoglobina es la única
anomalía conocida en la anemia de células falciformes.
Las
manifestaciones clínicas de la enfermedad de las células falciformes
son consecuencia probablemente de esta alteración de la estructura
molecular y, por consiguiente, de la falciformidad intravascular de
los hematíes (glóbulos rojos). La hemoglobina S parece ser inofensiva y actuar de
modo satisfactorio al igual que la hemoglobina normal, excepto en
condiciones en las cuales se presenta el fenómeno de la falciformidad. Si se previene la falciformidad intravascular, los
individuos con un 70 % de hemoglobina S en sus hemolizados de
hematíes no presentan ningún signo de anemia o enfermedad y la vida
media de sus hematíes es normal. Por otra parte, en los individuos hipóxicos, incluso los hematíes A-S se vuelven falciformes y se
eliminan rápidamente de la circulación.
La gravedad clínica de las distintas hemoglobinopatías falciformes
se halla en relación directa al grado de incremento de la viscosidad
de la sangre durante la desoxigenación. Los principales factores
determinantes del grado de viscosidad son la concentración de
hemoglobina S en los hematíes y la intensidad de interacción entre
los distintos tipos de hemoglobinas que se hallan presentes en los
hematíes. La viscosidad de la sangre desoxigenada está en relación
directa a la proporción de los hematíes falciformes. La forma
filamentosa produce una viscosidad mayor que los hematíes
en forma
de hojas de acebo. Ya se ha mencionado la acción protectora de la
hemoglobina fetal para prevenir la destrucción de los hematíes
falciformes. Los hematíes falciformes que contienen niveles bajos de HbF son los que se destruyen con mayor rapidez, mientras que los que
poseen concentraciones altas de hemoglobina fetal tienden a
persistir en la circulación.
Patogenia.
Las distintas
manifestaciones de la anemia de células falciformes proceden de la
insolubilidad de la hemoglobina falciforme reducida y de la
formación de hematíes falciformes, los cuales se originan al
exponerse a tensiones bajas de oxígeno existentes en los tejidos. Si
bien hasta la actualidad se aceptaba que los individuos con rasgo
falciforme eran asintomáticos, hoy en día se conoce que algunas
veces son susceptibles de presentar las mismas alteraciones que los
enfermos homocigóticos en situaciones en las cuales exista una
tensión baja de oxígeno, tal como ocurre en los vuelos aéreos.
El entorpecimiento y entrelazado de los hematíes rígidos e
inflexibles aumenta la fricción interna de la suspensión, de lo que
resulta un aumento de la viscosidad de la sangre. La falciformidad y el aumento de la viscosidad sanguínea conducen a la
producción de estasis capilar, a la formación de masas y
conglomerados de hematíes impactados, trombosis, hemorragias,
oclusión vascular, infartos y necrosis isquémica. La infección
aumenta probablemente la viscosidad plasmática y provoca un grado
extremo de estasis eritrocitaria.
La formación de hematíes falciformes aumenta la vulnerabilidad a los
factores mecánicos, especialmente a medida que la hemoglobina es
desoxigenada. Un acortamiento de la vida media de los hematíes
durante su desplazamiento a través de la circulación y su paso por
los órganos conduce a la aparición de una anemia hemolítica. La
secuestración selectiva y la estasis de los hematíes falciformes en
el bazo de un enfermo con anemia de células falciformes motiva
probablemente su destrucción y los que escapan a la misma sufren una
hemólisis intravascular. Los hematíes de los pacientes con rasgo
falciforme presentan una vulnerabilidad a los factores mecánicos
distinta de la que presentan los hematíes de los enfermos con anemia
de células falciformes. La vulnerabilidad a los factores mecánicos
de los hematíes del paciente con rasgo falciforme empieza a
alterarse a un nivel de oxigenación, en que los hematíes de los
individuos con anemia de células falciformes muestran ya un aumento
máximo en la vulnerabilidad a los factores mecánicos. En general, la
conducta de la hemoglobina falciforme in vitro y en los hematíes
falciformes a tensiones reducidas de oxígeno está en relación con la
gravedad de los síntomas clínicos y hematológicos.
Murayama identificó la presencia de varillas tubulares de HbS en
preparados de hemolizados de células falciformes. A base de esta
observación se ha supuesto que el arracimamiento de las células
falciformes es causado por la agregación de moléculas de HbS en
forma de microtúbulos. El arracimamiento de eritrocitos discoides
que forman figuras extrañas se considera la característica
patológica básica de la anemia drepanocítica. White comprobó
posteriormente que el glutaraldehído favorece el fenómeno de la
drepanocitosis, que unas varillas densas similares a las que se
encuentran en los hemolisados se hallan también en el citoplasma de
los eritrocitos falciformes y que la orientación paralela de las
varillas parece decisiva para el arracimamiento de los eritrocitos
que contienen HbS. El glutaraldehído no sólo respeta la estructura
fina de las células falciformes, sino que además parece ser un
agente promotor eficaz del fenómeno de drepanocitosis. Las células
falciformes se muestran repletas de filamentos y varillas. La
gravedad de la distorsión de los eritrocitos está en estrecha
relación con la cantidad de HbS que haya adoptado la forma de
varillas y con la extensión del agrupamiento paralelo de las
varillas. La conversión de toda la masa de citoplasma eritrocitario
en una estructura monótona de varillas paralelas se considera el fin
del proceso de drepanocitosis. La respuesta de las células
falciformes a la incubación con glutaraldehído es, en líneas
generales, idéntica a las alteraciones que ocurren cuando los
erítrocitos sensibles se tratan con bisulfito sódico o tensión de
oxígeno reducida. Sólo los reticulocitos caracterizados por la
presencia de polirribosomas en su citoplasma parecen quedar
preservados del fenómeno de drepanocitosis.
Otros autores han mostrado que el fenómeno de drepanocitosis se
debe a la formación intracelular de cristales largos y delgados de
hemoglobina drepanocítica falciforme. El desarrollo rápido de estos
cristales, que causa un despliegue de la membrana celular, podría
ser responsable de la extraña distorsión de los eritrocitos.
Rasgo falciforme.
Incidencia y distribución geográfica.
El rasgo falciforme que se
presenta en el estado heterocigoto (hemoglobinas A y S) se observa
aproximadamente en un 7 a un 9 % de los negros americanos. Un
pequeño número de individuos con este rasgo muestra una anemia de
células falciformes. La mayor frecuencia del rasgo se ha descrito en
Africa Oriental, donde varía del 30 al 45 % en algunas tribus bantú.
La incidencia decrece a nivel de las costas occidentales, donde
promedia de un 20 a un 25 %. La elevada incidencia del rasgo
falciforme en algunas de las tribus aborígenes del sur de la India
ha hecho suponer que el rasgo falciforme podría haber sido
transportado desde esta área a Africa.
Los síntomas clínicos y datos de laboratorio del rasgo falciforme
o drepanocítico puede demostrarse in vitro por la capacidad de los
hematíes de adquirir la forma falciforme, cuando se someten a una
baja tensión de oxígeno. Esto se lleva a cabo mediante una gran
variedad de técnicas, una de las cuales consiste en encerrar una
gota de sangre fresca bajo un cubre rociado con uno de los derivados
del petróleo o, más rápidamente, mezclando la sangre con un agente
reductor como el bisulfito sódico al 2 %. La falciformidad es menor
en los enfermos con el rasgo y los hematíes presentan un aspecto de
hoja de acebo antes que la típica forma alargada puntiaguda y
filamentosa que se observa en los pacientes con la anemia de células
falciformes. La cantidad de hemoglobina falciforme en la sangre de
los individuos con el rasgo se determina mediante electroforesis y
oscila entre un 24 y un 45 % de la hemoglobina total. El resto es
hemoglobina adulta. La HbF no se halla en el rasgo después de la
infancia. Los dianocitos se observan en pequeña cantidad, mientras
que los hematíes en las extensiones sanguíneas son predominantemente
normales. Es normal la vida media de los hematíes en los individuos
sanos con rasgo falciforme.
Los individuos con rasgo no están anémicos, no muestran anomalías
físicas y son en general asintomáticos. Se han descrito algunos
casos de infartos esplénicos debidos a oclusión vascular originada
por los hematíes falciformes en los enfermos con rasgo falciforme
durante su estancia en zonas altas o bien durante los vuelos aéreos.
En condiciones graves de desoxigenación, las crisis drepanocíticas
ocurren también después de un anestésico mal administrado y de
neumonía grave. En ocasiones se ha observado incapacidad de
concentrar la orina, hematurias groseras, pielonefritis aguda,
priapismo y hemorragia retiniana en los enfermos con rasgo
falciforme.
Síntomas clínicos
de la Anemia a células falciforme.
La anemia de
células falciformes se diagnosticas generalmente durante el período
preescolar. En la mitad de los enfermos, los síntomas se presentan a
los 2 años de edad, si bien las manifestaciones clínicas son raras
en el curso de los 6 primeros meses de vida. La enfermedad en unos
pocos casos descritos se diagnosticó entre el 1er y 3er mes de vida.
En otra serie de enfermos la edad media en que se iniciaron
los síntomas que requirieron hospitalización oscilaba entre los 3
meses y los 15 años.
Como se ha indicado antes, el aumento de la destrucción hemática, la
tendencia patológica a la falciformidad intravascular, la estasis y
la trombosis en varios órganos y tejidos son los causantes de la
multiplicidad de síntomas y de la confusión con otros síndromes
clínicos. Las molestias más frecuentes en los niños son: dolor en
las articulaciones, espalda y abdomen, vómitos, fiebre, frecuentes
infecciones respiratorias altas, fatigabilidad y anorexia. Otros
síntomas menos comunes son: cefaleas, meningismo, disnea, debilidad,
epistaxis (sin púrpura), convulsiones, letargia e indiferencia, Los
episodios de dolor abdominal agudo pueden ser graves y acompañarse
de crisis, espasmos musculares, náuseas, vómitos y leucocitosis.
Estas crisis abdominales en ocasiones tienen un desenlace fatal y se
han atribuido al choque debido a una secuestración masiva de
hematíes falciformes, pérdida de plasma y colapso circulatorio.
Los aumentos de hemoglobina fetal en la forma homocigota de la
enfermedad de células falciformes protegen aparentemente a los
hematíes de a falciformidad y con ello se reducen las
manifestaciones clínicas secundarias. Sin considerar os motivos del
incremento de la hemoglobina fetal e ha de señalar que su presencia
en asociación con la enfermedad de células falciformes parece tener
un efecto beneficioso sobre las manifestaciones clínicas.
Los trastornos del sistema nervioso central pueden presentarse en un
principio o más avanzada la enfermedad, Estos síntomas conducen i
errores diagnósticos, puesto que pueden confundirse con los
trastornos de la meningitis, poliomielitis, hematoma subdural,
neoplasia, hemorragia subaracnoidea y encefalopatía saturnina. Las
lesiones son múltiples y su localización es muy variable. El inicio
de los síntomas s frecuentemente brusco con convulsiones, signos
meníngeos, cefaleas, afasia, parálisis, incontinencia urinaria y
coma. El dolor en las extremidades a veces es muscular, otras se
basa en una afectación ósea y articular ofreciendo un cuadro
semejante al de la osteomielitis. La artralgia en ocasiones es muy
grave. Las articulaciones edematosas o inflamadas pueden
presentarse, pero con poca frecuencia. Las hinchazones localizadas
debidas probablemente a estasis eritrocitaria de células falciformes
se desarrollan en estructuras óseas, tales como el maxilar y los
huesos largos. Las exacerbaciones de estas molestias suelen
presentarse periódicamente y se relacionan a menudo con infecciones
del tramo respiratorio alto. En los niños menores de 2 años de edad
se observa en algunas ocasiones una dactilitis con intenso dolor y
tumefacción de las manos y de los pies. Las anomalías óseas son
debidas a hiperplasia medular, infartos y osteomielitis. El
síndrome mano-pie es causado por un infarto de los huesillos largos
de las manos y de los pies. Las modificaciones óseas se deben a la
absorción de las áreas infartadas, de donde resultan zonas radioluminosas. La hiperemia circundante de las zonas afectas
estimula la formación ósea subperióstica.
Los hallazgos físicos varían considerablemente y engloban una
palidez intensa de las membranas mucosas, coloración verde
amarillenta de las escleróticas, adenopatías, agrandamiento cardiaco
y esplenomegalia. Observamos a veces una ligera hepatomegalia. La
esplenomegalia que se presenta a menudo en los niños es de diversa
intensidad y en el curso de la edad aparece atrofia debida a
infartos y fibrosis. La incidencia de la esplenomegalia es del 33%
en la primera década de la vida y del 10 % en períodos posteriores .
Si bien la esplenomegalia es un hallazgo común en los pacientes con
anemia de células falciformes, se presenta con mucha mayor
frecuencia en los enfermos con la combinación de hemoglobina C y drepanocitemia, y en la combinación de talasemia y drepanocitemia.
Un aumento de tamaño del bazo cursa generalmente con una
sobrevivencia acortada de los hematíes transfundidos. Hallazgos
menos comunes son ascitis, edema articular, osteomielitis, cálculos bíliares y hemiplejia en los enfermos con complicaciones del sistema
nervioso central. Las venas de la retina a veces se hallan dilatadas
y tortuosas; las arterias muestran este rasgo en menor intensidad.
Se han observado también hemorragias retinianas. Los enfermos con
los estados S-S, S-C, S-D o bien con la combinación drepanocitemia y
talasemia pueden mostrar un fragmento vascular de color rojo intenso
en forma de coma o de espiral que se halla principalmente en la
parte inferior de la conjuntiva bulbar cubierta por el párpado. El
fragmento vascular se halla aislado del resto de la circulación
conjuntiva. La lesión suele ser consecuencia de una circulación
sanguínea retardada, con una protuberancia aneurismática de la pared
de los vasos. Un agrandamiento de corazón y la presencia de un soplo
apical son signos indicativos de hipertrofia y dilatación en
respuesta a una anemia y anoxia prolongadas. Puede también
observarse la existencia de pericarditis. Los episodios de
bronconeumonía se presentan con frecuencia y son debidos tanto a
infección como a infarto pulmonar. El cor pulmonale en los enfermos
de edad es a veces la consecuencia de infartos recidivantes
múltiples.
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