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Urobilinuria

Comprendemos la urobilina propiamente dicha y su cromógeno el urobilinógeno.  Es sabido que su presencia en la orina supone la llegada de bilirrubina al intestino, donde se transforma en urobilinógeno (reducción por bacterias) y luego en urobilina (por oxidación), reabsorbiéndose parcialmente y eliminándose casi exclusivamente por el hígado (círculo enterohepático de la urobilina).

Normalmente la orina contiene de 0,03 a 0,48 mg por día (ROYER).  Por el método de Watson, las cifras normales son más altas: 1-4 mg por día.

Urobilinuria baja o negativa. Significa la ausencia parcial o total de bilis en el intestino, o la impermeabilidad excretora renal:

     1) En las ictericias acólicas:

          a) Ictericia obstructiva completa. (Sólo en determinados casos, si coincide colangitis o rezuma alguna bilis a la luz intestinal, a través de la mucosa en ictericias muy marcadas, puede encontrarse urobilina en orina, a pesar de ser completa la obstrucción; especialmente si el hígado está lesionado).  La urobilinuria persistentemente negativa es más propia de la obstrucción neoplásica que de la calculosa.

          b) En la atresia congénita del colédoco.

          c) En las fases acólicas de una ictericia parenquimatosa (hepatitis epidémica, etc.).

     2) En la fístula biliar, con derivación extradigestiva de la bilis.

     3) En las anemias hipocromas intensas (ferropénica esencial, posthemorrágica, etc.).

     4) En la inanición extrema, inactividad.

     5) En la insuficiencia renal acentuada, propia de las esclerosis renales de cualquier origen.

 

Urobilinuria alta. Comprende a una metabolismo exagerado de la hemoglabina-bilirrubina (por hemolisis excesiva) o a un déficit hepático en la captación y eliminación de la urobilina reabsorbida.  Algunos suponen que este último factor es el decisivo y existente, aun en los casos "hemolíticos".

     1) En los síndromes hemolíticos:

          a) Ictericia hemolítica familiar, especialmente durante las "crisis hemolíticas".

          b) Ictericias hemolíticas adquiridas: infecciosas, tóxicas, transfusionales, etc.

          c) Eritroblastosis fetal (Icterus neonatorum).

          d) Anemia perniciosa descompensada.  La marcada urobilinuria se normaliza antes de la crisis reticulocitaria en los casos que van a responder francamente al tratamiento (signo de valor pronóstico).

          e) En las extravasaciones de sangre: hemorragia intensa, infarto hemorrágico (pulmonar especialmente, pero también en el esplénico o cerebral, trombosis coronaria, etc.), quistes hemorrágicos de ovario, hematomas por embarazo ectópico, etc.

          f) En la policitemia, aunque de modo inconstante.

          g) En el paludismo.

 

     2) En la insuficiencia hepática.  El hígado enfermo elimina con más dificultad la urobilina que la bilirrubina.  Ha perdido un cierto valor la utilización de la urobilinuria como prueba funcional hepática por su "excesiva" sensibilidad: hace falta su determinación cuantitativa.

          a) Hepatopatías ictéricas:  En las ictericias parenquimatosas de cualquier origen, y no sólo en las formas graves -atrofia amarilla, degeneración secundiaria, etc.-, sino también en la ictericia simple, benigna (formas leves de hepatitis aguda epidémica, etc.). NOGUÉS ha observado el curso de la urobilinuria en las hepatitis de evolución favorable: al principio se eleva moderadamente, luego desciende incluso hasta negativizarse si hubo acolia, y por fin aparece una brusca "crisis urobilinúrica" que procede a la regresión de los otros síntomas (signo de valor pronóstico) y representa la reanudación del flujo biliar al intestino.

También la ictericia obstructiva incompleta presenta frecuentemente urobilinurias altas: en estos casos hay que suponer la complicación hepática (insuficiencia hepática secundaria, cirrosis biliar), o la infección de las vías biliares (colangitis).

          b) Hepatopatías anictéricas: En la cirrosis hepática la urobilinuria se encuentra constantemente elevada, aun en los casos muy incipientes (NOGUÉS).  Probablemente, junto a la insuficiencia hepática, contribuye a la urobilinuria la hipertensión portal con derivación parcial de sangre al círculo general sin atravesar el hígado (CANTAROW).

En las colecistitis, incluso anictéricas, probablemente por participación hepática (hepatocolecistitis), y aun en los cólicos hepáticos simples, se eleva la urobilina; lo cual puede servir, según NOGUÉS, para el diagnóstico diferencial con otras crisis dolorosas (cólico nefrítico, apendicitis, crisis pitiática, etc.) en las que no se modifica la urobilinuria.

En el hígado de estasis de la insuficiencia cardíaca congestiva aumenta también precozmente la eliminación de urobilina en la orina, pudiendo hacerse patente o no una ligera subictericia.

En muchas infecciones, especialmente neumonía, escarlatina (falta en cambio en el sarampión), sepsis estreptocócica, tuberculosis pulmonar, etc.  Es dudoso el carácter hepático de estas urobilinurias aisladas que ocurren pasajeramente en la mayoría de las infecciones.  Hay que tener en cuenta la posibilidad de un origen hemolítico de la urobilinuria (paludismo).

 

Imagen tomada de www.cirublog.com

 

Uropepsina

(Pepsinógeno urinario)

 

Puede determinarse por el método de Gottieb.  La eliminación urinaria normal suele ser de 1500 a 3000 unidades en las 24 horas.

 

I. Disminuye la eliminación de pepsinógeno a valores inferiores a las 1000 unidades en los siguientes casos:

     1) En el cáncer gástrico, donde tienen verdadero interés diagnóstico por lo que hace a su exclusión, ya que ante una imagen gástrica sospechosa, la eliminación de pepsinógeno con cifras superiores a las 1500 unidades induce a considerar inverosímil la malignidad.

     2) En la gastrectomía subtotal llega a desaparecer totalmente el pepsinógeno del jugo "gástrico", sangre y orina.

     3) En la anemia perniciosa.  También en la cloroanemia aquílica.

     4) En la enfermedad de Addison y en el panhipopituitarismo.

     5) En el mixedema.

     6) En ciertas neoplasias primarias del hígado.

El hallazgo constantemente negativo de la uropepsina en las aquilias ha inducido a considerar esta determinación como una prueba funcional de aquilia gástrica.

 

II. Aumenta la eliminación de pepsinógeno:

     1) En el ulcus gastroduodenal, aunque no curse con hiperclorhidria, alcanzando cifras promedio de 8000 unidades en el duodenal y de 6000 en el gástrico, pudiendo llegar en aquél hasta más de 25000.  Tiene valor diagnóstico-diferencial la determinación de uropepsina en los enfermos ingresados por grave hemorragia digestiva, pues en las cirrosis con varices esofágicas sangrantes se encuentran valores infranormales, que contrastan notablemente con las cifras altas de las ulcerosas.

     2) En el síndrome de Cushing, adrenal o hipofisario.

     3) La administración de ACTH o glococorticoides (cortisona).

 

III. Prueba de Spiro: tras la administración de 100 mg de ACTH aumenta notablemente la eliminación urinaria de pepsinógeno, excepto en la anemia perniciosa y en el cáncer gástrico.

 

IV. La vagotomía no afecta la eliminación de uropepsina.  Tampoco la afectan la administración de mineralocorticoides (Doca), andrógenos, estrógenos o progesterona.

 

Hematuria

(Erictrocituria)

 

Presencia de hematíes en orina, a diferencia de la "hemoglobinuria", en que existe pigmento hemático, pero no células.  La hematuria puede ser macroscópica o sólo reconocible como eritrocituria en el sedimento.

Normalmente, el sedimento de la orina de 12 horas contiene de 0 a 425 000 hematíes (recuento de cámara, según el método de Addis).

 

Tipos etiológicos.  Conviene agruparlos según la localización del proceso causal; para ello seguiremos un orden ascendente:

 

I. Falsa hematuria, es decir, orina "contaminada" con sangre genital o hemorroidal, después de emitida.  En casos dudosos, mujeres especialmente, debe recogerse la orina por cateterismo.  La confusión de una orina teñida por colorantes o medicamentos eliminados (flavinas, piramidón, etc.) con una hematuria sólo es posible macroscópicamente.

 

II. Hematurias de origen infrarrenal (vías urinarias).  La orina puede contener coágulos.

     1) Por hemorragia uretral.  La caracteriza el tipo de hematurias "inicial", es decir, al comienzo de la micción, a que da lugar.  si es la uretra anterior la afectada, puede observarse además hemorrigia por el meato al margen de las micciones ("uretrorragia").

          a) En los traumatismos uretrales exógenos o por cálculos.

         b) En las uretritis hiperagudas (gonococia, etc.), aunque aquí priva la piuria, siendo excepcional la hematuria.  Suelen coexistir filamentos.

          c) En los papilomas o angiomas uretrales, raros.

          d) En las prostatitis agudas y congestiones del veru montanum, o de las vesículas seminales.

          e) En el adenoma prostático y en el cáncer de próstata.  Se ha

 

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