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Anatomía. El origen más frecuente del sangrado es el plexo de
Kiesselbach, una región del tabique anterior en la que convergen las
ramas de la carótida interna (arterias etmoidales anterior y
posterior) y de la carótida externa (arterias esfenopalatina y ramas
terminales de la arteria maxilar interna). La fina mucosa de esta
zona y su localización anterior la exponen al aire seco y a los
traumatismos.
Etiología. Las causas más frecuentes de epistaxis originada
en la parte anterior del tabique suelen ser traumatismos causados por
los propios dedos, cuerpos extraños, aire seco e inflamación,
incluidas las infecciones
de las vías respiratorias altas, la sinusitis y la rinitis alérgica.
En niños se utilizan con frecuencia sprays de corticosteroides
nasales, cuyo uso crónico se puede asociar con sangrado. Los
lactantes con un reflujo ga stroesofágico importante hacia la nariz
pueden presentar epistaxis secundaria a la inflamación de la mucosa.
En muchos niños existen antecedentes familiares de epistaxis en la
infancia, La susceptibilidad aumenta por las infecciones
respiratorias y en invierno, cuando el aire seco irrita la mucosa
nasal y produce su fisuración y la aparición de costras. Se puede
producir una hemorragia grave en los niños con trastornos vasculares
congénitos,
como la telangiectasia hemorrágica hereditaria, varicosidades,
hemangiomas y también en niños con trombopenia, deficiencia de
factores de la coagulación, hipertensión, insuficiencia renal o
congestión venosa. Los
pólipos nasales o cualquier otra masa intranasal pueden causar
epistaxis,
Las hemorragias nasales recidivantes y con frecuencia graves pueden
ser el signo de presentación de los angiofibromas nasales juveniles,
que afectan a varones adolescentes. Parece que la incidencia de
hemorragia originada en el plexo de Kiesselbach disminuye en la
adolescencia.
Manifestaciones clínicas. La epistaxis se suele producir sin
previo aviso y la sangre fluye lentamente, pero sin obstáculos, por
una narina y, en ocasiones, por las dos. En los niños con lesiones
nasales se puede producir una hemorragia tras un ejercicio físico.
Cuando el sangrado se produce de noche, el niño puede tragarse la
sangre y la hemorragia sólo se percibirá cuando el niño vomita o
tiene una deposición con sangre. La epistaxis posterior puede
manifestarse como una hemorragia nasal anterior, pero si el sangrado
es intenso el vómito con sangre puede constituir el primer síntoma.
Tratamiento. La mayor parte de las epistaxis se interrumpen
de forma espontánea en pocos minutos. Se debe ejercer compresión
sobre las narinas y conseguir que el niño permanezca lo más quieto
posible, en posición erecta y con la cabeza inclinada hacia adelante
para que la sangre no se deslice hacia la garganta. También puede
resultar útil aplicar compresas frías sobre la nariz. Si estas
medidas no consiguen interrumpir la hemorragia, se puede aplicar una
solución tópica de oximetazolina o Neo-Synephrine (0,25-1%). Si
persiste la hemorragia, puede ser necesario introducir gasas en la
parte anterior de la nariz; cuando la hemorragia es posterior,
habrá que introducirlas tanto en la parte anterior como en la
posterior. Una vez controlada la hemorragia e identificado el punto
sangrante, su cauterización con nitrato de plata puede prevenir
problemas posteriores. Como el cartilago del tabique se nutre a
través del mucopericondrío que lo reviste, sólo se deberá cauterizar
un lado del tabique cada vez para evitar el riesgo de perforación
del tabique. En invierno o en ambientes secos, la aplicación en el
tabique de vaselina o de gotas de salino, o el uso de un
humidificador ayuda a prevenir el sangrado.
En los niños con epistaxis graves o recurrentes se pueden necesitar
transfusiones y está indicada la valoración por parte de un
otorrinolaringólogo, igual que en el caso de hemorragias bilaterales
o que no se originan en el plexo de Kiesselbach. En los casos de
epistaxis graves de repetición puede ser necesaria una valoración
hematológica (para descartar coagulopatía o anemia) y también una
endoscopia nasal y pruebas radiológicas antes de llegar a un
diagnóstico definitivo. En los pacientes con un trastorno
hematológico de base se deben reponer los factores de la coagulación
deficitarios. La epistaxis profusa asociada con una masa nasal en un
varón próximo a la pubertad puede ser indicativa de un angiofibroma
nasofaríngeo juvenil, Este tumor es poco frecuente y, aunque se ha
descrito en varones entre los 2 y los 30-40 años de edad, su pico de
incidencia se produce en la adolescencia y la preadolescencia.
La
Tomografía con contraste y la Resonancia magnética deben serp te de
la valoración inicial, aunque en ocasiones también se necesario una
arteríografía, una embolízacíón o una cirugía extensa.
También habrá que recurrir a la cirugía en las hemorragias origina
en la arteria maxilar interna y en otros vasos que sangran hacia la
cavidad nasal posterior.
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